La PCR y su peculiar inventor

En 1993 la Academia Sueca concede el Premio Nobel de Química a Kary Banks Mullis por la invención en 1983 de la reacción en cadena de la polimerasa o PCR. El galardonado declaró que su idea surgió conduciendo el coche en un viaje de fin de semana con su novia. Hoy en día, gracias a esta herramienta, investigadores de diversos campos pueden obtener un gran número de copias de un fragmento de ADN en particular, partiendo de una cantidad mínima de muestra.

Kary Mullis inventó la PCR en 1983

Todo había empezado unos años antes. En 1971 se publicó un artículo encabezado por K. Kleppe en el que se trataba por primera vez del uso de enzimas para replicar in vitro una secuencia pequeña de ADN utilizando cebadores.
Pocos años después, en 1976, ya se tiene noticia del aislamiento de la polimerasa, una pieza clave para que, en 1983, K. Mullis conciba la PCR.

En ese momento Mullis llevaba varios años trabajando como bioquímico en la empresa californiana Cetus, una de las primeras empresas biotecnológicas. Desde que ideó la PCR, la compañía le liberó de otros proyectos para que liderara el desarrollo de la nueva técnica. En 1992 Cetus vendió las patentes a la farmacéutica Hoffmann-La Roche por 300 millones de dólares.

ADN polimerasa
La polimerasa es la enzima que interviene en la replicación del ADN

Qué es y para qué sirve la PCR

Muchos no hemos conocido la época anterior a su invención, pero si tratamos de imaginar nuestro trabajo sin usar la PCR, nos parecerá asombroso lo que ha supuesto para la biotecnología.

La PCR (reacción en cadena de la polimerasa) es la técnica de biología molecular que permite obtener una gran cantidad de copias de un fragmento de ADN. Gracias a este proceso de amplificación podemos, por ejemplo, identificar individuos en genética forense, detectar enfermedades infecciosas, diagnosticar trastornos hereditarios, o llevar a cabo diversos experimentos ligados a la investigación científica.

Una técnica indispensable

Actualmente la PCR es una técnica ampliamente extendida y generalmente indispensable en laboratorios de investigación tanto médica como biológica.

Aunque la información genética de un organismo se encuentra en su ADN, para poder analizarla se necesitan grandes cantidades de ADN. Por eso las técnicas de la PCR convencional y PCR a tiempo real se incorporan cada vez más de forma transversal en todas las disciplinas, tanto en investigación como en industria: desde análisis de 16S para árboles filogenéticos, taxonomía en todas las ramas de la biología, genotipado, detección de transgénicos, etc.

Kary Banks Mullis

Nació el 28 de diciembre de 1944 en Carolina del Norte y creció en Columbia, Carolina del Sur. Se graduó en Ciencias en 1966. Y en 1973 culminó el doctorado en Bioquímica por la Universidad de Berkeley, California. Su tesis se basaba en la síntesis y caracterización estructural de las moléculas transportadoras de hierro en las bacterias.
Ya entonces su carrera científica empezó a ser discontinua, con diversas interrupciones en las que se dedicó a otras actividades. Pero un día asistió a un seminario en el que explicaron cómo se podía sintetizar químicamente el ADN. Aquella charla debió de marcarle en su carrera como científico. Meses después entró a trabajar en la biotecnológica Cetus, donde alcanzaría el éxito con la invención de la PCR.
Ha trabajado con algunas de las principales empresas del sector biomédico, desarrollando su carrera como consultor experto. Por otro lado, se ha hecho también visible por mantener opiniones y teorías polémicas en diversos temas ajenos a su especialidad.

Un científico peculiar

Kary Mullis pasa por ser un personaje excéntrico. Sus actitudes y opiniones le han generado tanto admiradores como detractores. El propio relato sobre cómo concibió su invento, mientras conducía de noche, no deja de ser peculiar.
“…Emocionado, comencé a calcular potencias de dos en mi cabeza: dos, cuatro, ocho, 16, 32. Recordé vagamente que dos elevado a diez era aproximadamente mil y que, por tanto, dos a la veinte era alrededor de un millón. Detuve el coche en un desvío sobre el valle de Anderson. Saqué lápiz y papel de la guantera. Necesitaba comprobar mis cálculos. Jennifer, mi soñolienta pasajera, protestó aturdida por la parada y la luz, pero exclamé que había descubierto algo fantástico.”
“Mi mente regresó al laboratorio. Las cadenas de ADN se enrollaron y flotaron. Espeluznantes imágenes azules y rosas de moléculas eléctricas se inyectaron en algún lugar entre la carretera y mis ojos. (…) No dormí esa noche. A la mañana siguiente había diagramas de reacciones de PCR por todas partes.”

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